¡¡DEJÁ PROPINA ANTES DE IRTE!!

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abril 11, 2012

AMIGO DE TRIBUNA

COM!C.PROSAIKO 


Según el folclore popular el más ‘capo’ es aquel que más obtiene a costilla del esfuerzo ajeno. Se hace de noche en la casa de uno de los ‘pibe’… empieza a haber hambre pero todos esquivan el momento, -¡No sea cosa que llamen a un delivery y tengamos que pagar entre todos! El ‘capo posta’ espera hasta las últimas instancias, inmóvil en el mismo lugar, hasta que el dueño de casa, ya desmayando a causa del hambre, ceda a la silenciosa guerra entre su bolsillo, el fin de mes y estos amiguísimos buitres, y le dé de comer a todos. Nadie tenía hambre para ir a comprar algo al almacén pero sí tenían hambre cual desnutridos muertos de hambre para comer lo que aquel queridísimo amigo tenía para cocinar.


Por votación popular el grupo decidió ir a una pizzería y entraron en la primera que vieron. Todo era joda, risas y charlas hasta el momento de soltar un peso para pagar la cuenta. –¡Yo no traje plata! –¡Yo me olvidé la billetera! El descaro, las malas intenciones, la famosa viveza criolla y las ansias de no gastar un centavo cueste lo que cueste deben pasar por alto cuando se trata de amigos; fieles amigos que son como hermanos a la hora de vivir de tu sueldo pero no así tanto cuando les toca a ellos contribuir en algo, por más mínimo que sea. Pero obvio… la amistad vale mucho más que una simple cena, ¿no? Al final de la noche, los grandes capos, fieles creyentes de la virtud del vivir a costillas del otro, terminan airosos con las billeteras intactas y con la conciencia tranquila por el previo arreglo, por demás fraudulento, para devolverle la plata al que ‘garpó’ la cena. -¡Que te lo pague ‘dioo’!


Tarde en el centro con aquella chica que hace poco conoce pero tanto le gusta. Pasean, entran a curiosear a locales varios hasta que ambos cansados de la caminata sienten la necesidad de sentarse. (¡Suerte sacándole un peso a ‘super capo’!) Ella hace el amague para que se sienten en algún café a tomar algo pero él, cual acróbata habilidoso, esquiva los palos e introduce la idea de ir a aquellos modestos bancos en la vía pública lejos de cualquier amenaza comercial. Los minutos pasan y ella tiene ganas de aunque sea comprarse un agua. Charla va, charla no viene… la chica se está por morir de hambre y sed. Corre el tiempo y él le habla de lo bien que está con su laburo, lo mucho que gana, del auto que está por comprarse y ella, pasando por alto lo tacaño de este no tan dadivoso o tal vez pésimo mentiroso pretendiente, lo único que quiere es irse a su casa. -¿Acaso yo tengo que invitarlo a él a tomar algo?, A ver si vía SMS puedo organizar algún casual encuentro no tan casual con alguna amiga que me rescate.

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